Tras la publicación de este controvertido artículo y una trayectoria de vida polémica, la universidad inició un proceso de investigación sobre el curriculum vitae del ex-catedrático. Finalmente, fue acusado de mala conducta por plagio y falsificación y fue despedido de la Universidad. El profesor, a pesar de la batalla legal contra el centro educativo en la que se ha llegado a reconocer el despido improcedente, sigue sin impartir docencia en Boulder.
Dicho lo dicho, supongo que la cuestión es dónde están los límites a la libertad de cátedra. O aún más, ¿debe haber límites? Si es así, ¿hasta dónde? ¿Tiene un profesor universitario que avalar con hechos sus polémicas tesis, como si de un periodista se tratara? No conozco un caso similar en la Universidad española, pero ¿sería posible vivir en España una situación similar?
Este viernes asisto a un coloquium de mi departamento en el que Mike McDevitt, profesor de la facultad de periodismo de la Universidad de Colorado, discutirá el papel que los medios de comunicación desempeñaron en el caso. El título promete: "Social Drama as Social Control in the Academic-Media Nexus: The case of Ward Churchill".
Un saludo a todos!