miércoles, septiembre 14, 2005

Supensos, mediocridad y analfabetismo en la universidad española

Bueno, creo que ya va siendo hora de reiniciar la actividad bloggera de "sobre ciencia y comunicación".

Espero que el tiempo que he pasado alejada de estas tierras virtuales haya servido para renovar mente y espíritu. Queda un laaaaaaaargo curso (académico, político y demás familia): mucho que contar y mucho por hacer.

Hoy sólo quería escribir un par de lineas sobre los alumnos suspensos en septiembre, dícese de los septembrinos, mención casi inevitable para todos aquellos que nos hemos consagrado a la enseñanza universitaria.

Es septiembre, académicamente hablando, un mes gris y mediocre: gris porque supone el fin de las vacaciones; mediocre porque el nivel de los alumnos que intentan remontar el vuelo del curso, cae drásticamente con respecto a las evaluaciones realizadas en junio.

En general, el alumno que trata de aprobar en la convocatoria de septiembre intenta el más difícil todavía: superar la asignatura sin haber alcanzado el nivel suficiente de conocimientos.
Ya con el suspenso debajo del brazo (o sobre los hombros, como un lastre que pesa cada vez más) vienen los lamentos, llantos y arrepentimientos.

Creo que es en septiembre cuando, realizando un balance general del curso, terminamos de tomar conciencia de la cruda realidad que vive el ámbito universitario: el nivel académico de los estudiantes desciende a pasos agigantados.

No se trata solamente de las famosas faltas de ortografía, sino de licenciados en potencia que no han superado las habilidades mínimas de la educación general básica.

El sistema educativo español hace aguas por todos lados y en la universidad nos encontramos con personas que rozan el analfabetismo.
¿Para cuando un pacto en educación de todas las formaciones políticas, un acuerdo sólido, estable y con objetivos no sólo a medio y corto, sino también a largo plazo?

Como decía: suspenso y mediocridad en esta España profunda.

18 comentarios:

Cristina Cremades dijo...

Las cosas, cuando uno está dentro del sistema, se perciben siempre de manera más crítica. Y aunque no dudo del bajo nivel que se respira en las aulas, estoy convencida que no "es para tanto".

El sistema educativo en España es "otra historia", otro debate, y otro agujero negro dentro de la política educativa de todos los gobiernos que han pasado en estos últimos 10 años.

Cristina Cremades dijo...
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Anónimo dijo...

Después de leer en uno de mis exámenes de Derecho Canónico, en referencia al Sacramento de la Eucaristía, que "sólo el Obispo puede entregar tal sacrificio a sus fieles", entre otras lindezas, he dejado de pensar que nuestros alumnos rozan el analfabetismo, y empiezo a pensar que están atrapados en la sima abisal de la idiocia absoluta.

Anónimo dijo...

Estoy convencida de que el "analfabetismo" que sufre la inmensa mayoría de nuestros alumnos tiene en su raíz una buena dosis de falta de interés por aprender y mejorar como personas.

Es relativamente fácil descubrir universitarios que carecen de un proyecto de vida claro y que, por tanto, tampoco tienen objetivos en lo que al ámbito profesional se refiere.

Son jóvenes, en su mayoría, con muchas inseguridades, autoestima por los suelos y un interminable elenco de factores personales que hacen difícil y, en ocasiones imposible, el trazado de un proyecto profesional ambicioso.

Sin embargo, nuestros estudiantes, son personas con capacidad más que suficiente para convertirse en unos excelentes profesionales.

El reto es importante para los educadores: para hacer de estos universitarios personas adultas cabales tenemos que dedicarles nuestro tiempo y demostrarles que confiamos en ellos de verdad.

Tenemos en nuestras manos personas cada una de las cuales tiene un valor infinito. Tratemoslas como requiere la dignidad de que son portadoras y nos llevaremos más de una sorpresa.

No podemos tirar la toalla y dejarnos vencer por el pesimismo. Es una maravilla poder ejercer de auténticos educadores en la medida en que se necesita nuestra colaboración para ayudar a otros a ser cada día mejores en lo personal y en lo profesional.

Leo García Jiménez dijo...

La verdad es que leyendo los comentarios de Cristina y el del último anónimo, a una se le queda la sensación de que lo más fácil es lamentarse (que es lo que yo he hecho en el comentario inicial).

Pero es cierto que es más fascinante comprobar como ese universitario novato, que entró en el campus medio perdido, ha terminado siendo un buen profesional.

Tenemos que dejarnos "inspirar" por todos nuestros alumnos excelentes, que son muchos, y sacar fuerzas de flaqueza para tirar también de los que no consiguen llegar al nivel.

Sólo nos queda el optimismo y trabajar muy duro...

Un saludo a todos!

oserlaj dijo...

¡Hola! Bueno, yo hablaré desde mi humilde situación:

He dado clases de inglés a varios alumnos de 2º de la ESO, a los que como todos sabéis únicamente piden en el examen hacer una redacción medianamente correcta. Pues bien, me he encontrado con que el verdadero problema no era la gramática o el vocabulario, sino la cultura. Es decir, en un texto que hablaba sobre la biodiversidad, me han preguntado todos "qué era eso".

Y eso por no hablar sobre los textos que tratan sobre la II Guerra Mundial, de la que no tienen ni idea, o sobre Graham Bell.

Creo que el problema no es de los alumnos, sino de los colegios e institutos en los que estudian. ¿Cómo se puede permitir a un alumno pasar de curso sin tener unas nociones básicas y una capacidad mínima de redacción e inventiva? Y mucho menos a los que quieren estudiar en la rama de Ciencias de la Información. Es vergonzoso, y desde aquí pido que cambie el sistema URGENTEMENTE.

Un besote!

Anónimo dijo...

Sí. Ya nada es lo que era.
Cuando nosotros éramos estudiantes todo era diferente. Ya no sólo por nuestro despierto intelecto y nuestras infinitas inquietudes y ganas de aprender, sino por el gran interés que demostrabamos día a día en cada clase y por las grandes dosis de esfuerzo que invertíamos con ilusión.

Los jóvenes de ahora son lerdos, vagos, analfabetos, egoistas e infantiles. Eso sí, como profesores siempre nos quedarán las vacaciones, aunque se apaguen luego tristemente en el gris mes de septiembre en el que tenemos que volver a trabajar.

¡Cuanto carcamal miope hay suelto dando clases por ahí!
Que pronto se olvida cómo era realmente uno su época. Quizás es que ni siquiera nunca se haya realizado autocrítica de cómo se era.

En fin, a seguir con la carrera docente publicando trivialidades y peloteando en departamentos para llegar, algún día, a ser catedrático, que ya no queda tanto para el próximo verano.

Leo García Jiménez dijo...

Estoy de acuerdo con el anónimo del último post.

Hay mucho trepa suelto en cualquier ámbito laboral, situación de la que no se salva ni tan siquiera la Universidad, cuna del saber.

Gente mediocre y lo que es peor, profesores con pocas ganas de trabajar, que desarrollan su jornada laboral sin implicarse en su tarea, de puntillas, ganduleando, sin proliferación científica y sin dar la talla en el aula.

El poco esfuerzo que ponen en sus labores se centra en la política universitaria, no en trabajar para fomentar el saber científico.

Pero, sinceramente, estoy convencida de que el tiempo pone a cada uno en su lugar y de que esta gente NUNCA será reconocida en su ámbito de trabajo.

Están llamados a ser unos mediocres, para mí, la mayor degeneración a la que puede llegar el ser humano.

Un saludo a todos!!!!

Zarko dijo...
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zarko dijo...
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zarko dijo...

Yo en cambio, Leo, no estoy tan de acuerdo con el anterior mensaje del amigo "anónimo"; pues en la acidez de su exposición manifiesta un juicio sesgado y reducionista de cuanto se había escrito sobre este tema hasta su participación.

No creo que Leo, ni oserlaj, ni la otra participante anónima defiendan que la juventud actual es "peor" que la anterior; ni menos aún, que las carencias que puedan tener se deban a rasgos estructurales de su personalidad como el egoísmo o la vagancia. De lo que se hablaba era de educación y de sistemas educativas; y parece que la opinión generalizada es que las últimas tendencias legislativas en materia de educación (desde el último tercio de los ochenta hasta ahora) no han resultado todo lo positivas que se pretendía.

Amigo anónimo: el estudiante medio actual no es igual al de hace diez, quince años; igual que aquél no era tampoco el mismo que en los sesenta. Cada época ha tenido sus peculiaridades, sus contextos históricos, políticos y sociales, y han contribuido a dibujar un perfil que ha ido mutando con los años, más allá del obvio "los jóvenes siempre son jóvenes". Yo diría que los estudiantes actuales tienen algunas virtudes de las que mi generación (1976) carecía: son más generosos con los demás, tratan a los profesores con un punto menos de insolencia, se escandalizan más con las vulneraciones de derechos y libertades,...; ahora bien, eso es tan cierto como que su nivel formativo al iniciar la universidad es considerablemente más bajo. Han leído muchísimo menos, pues han tenido otras formas de ocio que les ha proporcionado cosas buenas pero desde luego no un buen uso del lenguaje; los sistemas educativos han rebajado enormemente los niveles de presión sobre el estudiante, relativizando la importancia de superar las asignaturas; y, en general, han ido poniendo el listón cada vez más bajo. El resultado es que la enseñanza universitaria también se ha resentido, pues con frecuencia debe optar el profesor entre una docencia realmente sólida para un grupo mínimo de alumnos, quedando el resto en la cuneta; o rebajar a su vez el nivel para proporcionar unos conocimientos elementales (e insuficientes como preparación de profesionales para la sociedad) a la mayor parte de los alumnos.

La Universidad, a nivel alumnado, se ha trivializado, ha diluido en parte su atmósfera marcadísimamente cultural. ¿Por qué, si no es así, han desaparecido en un porcentaje altísimo los clubs de debate, las tertulias literarias y políticas, los grupos de teatro, los ciclos de cine-forum? Antes estas actividades atraían a un buen número de alumnos, ahora, a una minoría que el resto tacha de "friki". En mi generación no éramos ni mejores personas ni más entusiasmadas por la idea del saber, pero desde luego la mayor parte leía los periódicos de cuando en cuando, y seguía más o menos los telediarios. Discutíamos en clase y en los pasillos sobre el GAL, el terrorismo, FILESA y todas aquellas cosas. Ahora, eso sencillamente no es así: basta con entrar en un aula y empezar a hablar de cualquier asunto público para comprobarlo.

Ignorar este cuadro es el mejor camino para no poner remedio. Como docente me rebelo ante la posibilidad de cruzarse de brazos. Y, como docente también, tampoco ignoro la situación y circunstancias de una parte del profesorado universitario. No por cierto del que se asoma a este blog, mayoritariamente poblado por "esos otros" profesores que se desviven por la universidad, empleano todo su tiempo y todo su esfuerzo impartiendo las clases de hoy y formándose para que las del día siguiente sean aún mejores. Y si sobra un poquito de tiempo libre, lo dedican a crear un blog donde seguir compartiendo sus experiencias universitarias y científicas para seguir creciendo como profesores y como personas. Por eso rechazo los comentarios de desprecio de "anónimo": porque son radical y esencialmente injustos, en el sentido más literal de la palabra.

Leo García Jiménez dijo...

[Ups!Zarko verás que tu post ha sido republicado tres veces (por eso he eliminado dos) ;-)]

Creo que Zarko ha venido a poner un poco de orden y racionalidad en este foro y, además, ha complementado de manera brillante la postura que yo defendía en mi última intervención.

Estoy completamente de acuerdo contigo, Zarko.

Realmente el amigo anónimo-cabreado planteaba dos cuestiones:

1. Que los alumnos de ahora no son tan malos y los de antes tan buenos.
2. Que los profesores se dedican a deambular por la universidad sin hacer bien su trabajo.

Al punto 1 ya ha respondido Zarko (me ha encantado tu intervención, optimista y positiva: espero verte más por estos entornos! :-) ).

Al 2 había hecho yo misma alusión, señalando que hay algunos docentes mediocres. Pero, en este sentido, abro una puerta a la esperanza: estoy convencida de que los educadores mediocres son los menos en comparación con el profesorado que vive con entrega y vocación el día a día en su jornada laboral.

Lo digo porque yo misma estoy rodeada de excelentes profesionales apasionados con la formación en el aula y la investigación en la ciencia.

Creo que en la mejora de la educación no debemos dividirnos en bandos, sino luchar todos juntos por mejorar el sistema.

De nuevo os envío a todos un saludo!!

Anónimo dijo...

(No se que diferencia hay entre firmar anónimamente o hacerlo con un mero nick o pseudónimo.)

Sin ánimo de polemizar. La intención de mi primer post era el de hacer reflexionar sobre que no todo es tan simple como nos gustaría: nosotros no constituimos el 'lado bueno' de la sociedad por el mero hecho de que el paso del tiempo nos haya colocado en un determinado contexto. Ni éramos, como colectivo, sustancialmente mejores alumnos que los de ahora, ni necesariamente mejores docentes que los que potencialmente puedan venir.

Con que cada generación pueda presentar sus pros y sus contras, puedo estar de acuerdo, salvando las enormes dosis de generalización que eso requiere. Pero lo que reivindico es sentido crítico para con uno mismo y no sólo siempre y de forma exclusiva hacia los demás, aunque lo último pueda resultar fácil, cómodo y hasta gratificante.

Nunca todos los alumnos o profesores han sido o buenos o malos, ni todos han tenido siempre como colectivo, de forma heterogénea, las mismas inquietudes, un mismo sentido de la responsabilidad o las mismas ganas por hacer su trabajo. (Salvo quizás los de la generación de zarko a los que les preocupaba a todos FILESA O MALESA). (Por cierto, ¿por qué no se aplica la misma lógica a las movilizaciones contra la LOU o la guerra de Irak?, ¿esas no cuentan?)(¿Cuántos blogs escribía la gente en la época de zarko?).

Tan frustrante y “radical y esencialmente injusto, en el sentido más literal de la palabra” es para un alumno oír que, porque nació en una fecha, es automáticamente un incompetente (los colectivos los forman individuos) (“Supensos, mediocridad y analfabetismo en la universidad española”), como para un profesor oír que es un chupóptero corporativista e irresponsable, aunque de todo haya en la vida.

Aunque cuando nos encontremos frente a un alumno de secundaria nos parezca un ingenuo analfabeto funcional, no significa que nosotros no lo fuéramos es su época. La única diferencia será nuestra perspectiva egocéntrica; la cual no nos permitirá jamás aceptar que hubo un día en el que nosotros, como colectivo dentro del que se nos ubicaba, fuésemos también así.

El motivo que hizo volver a este foro ha sido haber leído un post que copio y pego a continuación y del que desconozco su veracidad. Cuando algo se lleva diciendo tanto tiempo, debe ser verdad:
(disponible en: http://www.10blogs.com/endoblog/2005/09/21/%c2%a1maldita-juventud ):

Sócrates, Siglo cuarto antes de Cristo:
“La juventud actual ama el lujo, es maliciosa, es malcriada, se burla de la autoridad y no tiene ningún respeto por los mayores. Nuestros muchachos de hoy son unos tiranos, que no se levantan cuando un anciano entra a alguna parte, que responden con altanería a sus padres y se complacen en ser gentes de mala fe…”
Exodo, Ocho siglos antes de Cristo:
“Ya no me queda ninguna esperanza respecto al futuro de mi patria si la juventud de hoy toma el poder mañana mismo. Porque esa juventud es terrible, insoportable y sin principios…”
Inscripción de una tabla de arcilla, de hace más de 3000 años, encontrada en Babilonia:
”Esta juventud actual está podrida hasta el fondo de su corazón. Los jóvenes de hoy son unos perezosos, unos malhechores que jamás serán como la juventud en otros tiempos. La juventud actual no será capaz de asegurar el mantenimiento de nuestra cultura…”
Encontrado en una tumba egipcia, 40 siglos antes de Cristo:
“Vivimos en una época de decadencia. Los jóvenes ya no respetan a sus padres. Son groseros e impacientes. Frecuentan las tabernas y no saben dominarse”

Algunas de esas frases aparecen también aquí: http://www.pensamientos.org/pensamientosjovenes.htm Junto con una de Hipócrates: Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza alguna para el porvenir.

Luego vino el cine, la música rock, la televisión, y ahora los perniciosos videojuegos.
Por cierto, no tengo inconveniente en salir de mi “anonimato”.
Me llamo Alfonso, y la trampa estaba quizás en que aún me queda algo de juventud. :-D
http://www.alu.us.es/a/alfbousab/index.htm

Leo García Jiménez dijo...

Hola Alfonso!

Creo que llevas razón y que en muchas ocasiones nos falta espíritu crítico, hablo como docente y como joven (a mí también me queda juventud para "parar un tren").

También estoy contigo en que a lo largo de la historia siempre nos hemos encontrado en el peor de los tiempos (casi siempre los autores han descrito a la sociedad del momento como una sociedad en crisis).

Para mí, el único hecho objetivo (y como es para mí, ya no es muy objetivo que digamos :-) ) es que el sistema educativo actual es peor que el anterior.

A ver, la E.G.B no era la panacea (tenía muchas deficiencias), pero mediante ese sistema considero que se formaba mejor a los alumnos que mediante la LOGSE.

A pesar de ello, es verdad que es injusto calificar al estudiante universitario en su conjunto, por eso yo me refería principalmente al alumno que va aprobando en septiembre/diciembre siempre justito, raspeando el 5...

Nos servimos de la generalizaciones para describir la realidad que si no sería prácticamente inabarcable!!

Pero las generalizaciones son muy injustas, porque al igual que señalo lo de algunos alumnos mediocres, también reconozco que he tenido muchos alumnos buenos y brillantes.

BUeno, Alfonso, muy interesante tu último post.

más saludos!

Zarko dijo...

Coincido con Leo señalando el interés del último post de Alfonso (por cierto, es evidente que es igual de "anónimo" no poner nombre alguno que utilizar un seudónimo, no creo que nadie insinuara otra cosa).

Y también en que los argumentos esgrimidos son interesantes. Por ejemplo cuando se dice que es injusto tachar de ignorante a una persona por el mero hecho de tener impresa una determinada fecha de nacimiento en el carnet de identidad. No es mala, tampoco, la referencia história a la circunstancia de que siempre se ha mirado a los que son más jóvenes con reprobación. El matiz es oportuno, y por tanto justo y necesario.

Sin embargo, amigo Alfonso, la cuestión es si podemos, teniendo estos elementos bien presente, inciar una conversación que, más que generalizar, permita hacer uso de niveles medios y de usos mayoritarios. Sin ellos, esta conversación es imposible.

Así que partamos del punto de acuerdo que hemos encontrado, que yo creo poder sintetizar bien en:

1- Cada generación tiene sus propias visicitudes, que contribuyen a dibujar el perfil de cada una de ellas.

2- No se puede generalizar aplicando términos valorativos absolutos a todos los jóvenes o a una determinada "promoción" de ellos, porque la injustica, de esta manera, está asegurada.

Bien, ahora avanzamos. Y expongo mi opinión: el nivel medio (no el de todos ellos) de los conocimientos académicos de un alumno al entrar en la Universidad es inferior al de hace diez años, y más aún comparado con el de hace veinte años. Yo estoy firmemente convencido de esto, aunque naturalmente acepto la posibilidad de estar equivocado.

Ahora puedes decir contradecirme con otra opinión distinta, y decir que eso cierto, e iniciaremos un interesante debate en el que habrá que argumentar con pericia. Pero no me digas sólo "¡no todos son así!" porque en eso ya estamos de acuerdo.

Un saludo.

(Por cierto, me llamo Enrique: el nombre de "zarko" lo he extraído de un personaje de la novela "Sosala", de Carlos G. Domínguez. Tengo 28 años y soy profesor de Derecho. No tengo página web pero sí decenas de videojuegos, de los que soy entuasiasta desde los tiempos del Commodore-64. En cuanto a la juventud... ni me planteo no estar incluido en el grupo. )

Roberto Iza Valdes dijo...
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Anónimo dijo...

Soy Q.B.
A veces lo que hay que hacer es animar a los alumnos, en vez de meterse tanto con ellos. Pandas de analfabetos despreocupados e idiotas en el sentido griego del término siempre han existido. El problema radica en saber presentar las asignaturas de forma práctica, actual.

Septembrino Caprino dijo...

jajajaja... Cuanto profesor frustrado e iracundo...

No puedo más que impresionarme ante tamaña descalificación hacia nuestra juventud.

Se me antoja que vuestra descalificación parte de un resentimiento personal y profundo... Al final, salváis a los alumnos diciendo: "No todos". ¡JAJAJAJAJA!.

Deberíais usar esa frustración para hacer algo constructivo, como hacer mejores vuestras exposiciones. Desde luego, nadie se ha planteado aquí el problema del profesorado español. Algunas universidades, por ejemplo, las privadas, funcionan por un sistema de voltios descontrolados, y encontrar un verdadero profesional con una carrera y una obra "considerable!", se convierte en un verdadera proeza. Montones de excelentes profesionales se quedan fuera por esta panda de usurpadores, enchufados y, en el mejor de los casos, escasamente preparados. En la universidad pública el problema no es menor: el corporativismo y las telarañas cansadas se perciben en el espíritu de los vejetes profesores, que no son capaces ni de alterar sus exámenes año tras año, ni una miserable práctica -al menos en mi carrera- y apenas existe una clase donde se perciba la motivación contagiosa que se espera por parte del docente.


En la universidad privada… mucho joven profesor inexperto y altamente inflamable! puebla las aulas adoptando poses que les vienen grandes. La libertad de pensamiento roza tiempos de hogueras no equinocciales, ni paganas. De ahí surgen cantidad de problemas y se presenta como su gran asignatura SEPTEMBRINA.


Se intenta suplir la ignomiosa ignorancia de algunos que se hacen llamar profesionales con un despliegue de medios: colorines en plantillas traslúcidas, mucho documental “idiota” (del griego.. que cree pensar por sí mismo), mucha corrección ortográfica que se contradice con la de otro pseudoprofesional!, mucho formalismo ostentoso y repleto de aspavientos....que sólo pretende conseguir, por la vía impositiva, la autoridad que no se consigue por el respeto intelectual, que les aseguro aprecian más aquellos jóvenes con menos capacidad (por aquello de que el deseo nace de la carencia). Mi tesis es que ustedes tienen hinchado un ego estúpido que les dice que son grandes profesionales. Deberían hacer examen de conciencia.


La universidad pública también huele... Profesores (80% -hecho constatable-) llegan día tras día tarde, sin excusarse siquiera.

Alguno incluso nos dijo, después de recomenzar las clases tras los exámenes y tirarse una semana sin asistir a su puesto de trabajo, algo como: "¡se me olvidó que había clase!". JAJAJAJAJA, que panda de ineptos!. Un compañero que visita nuestra universidad y que llega desde tierras galas se espanta ante la falta de respeto de nuestros catedráticos, y avisa: "En Francia, un minuto tarde supone quedarse fuera".

Mucho alumno mediocre... pero que se puede esperar... si los que enseñáis sois vosotros.

El silogismo es claro… la universidad tiene, en mayor o menor medida, una estructura jerarquizada. El saber debería descender de la altura. No culpen al sistema, ni a los ciudadanos/alumnos que apenas gozan de capacidad de elección, la culpa es suya, de sus superiores y de los superiores de sus superiores, El Estado o la IGLESIA, que controla su privado sistema educacional, y de ustedes mismos por no ser capaces de transmitir saber.

Protágoras, como docente, tenía uno de los sistemas de cobro más interesantes que hasta la fecha he conocido. Percibía de sus alumnos el dinero que ellos consideraban adecuado a los conocimientos que notaban haber adquirido.

Jajajajaja, Él era profesor privado, daba clase a los hijos de los ricos y por eso no le preocupaba no cobrar. En su sistema estaba incluido aquello de que el hombre es la medida de todo, y percibía, seguro, que sus alumnos ricos se pegarían por pagarle más que nadie, para luego soltarlo en el ágora en medio de una exposición de altitud retórica inalcanzable.

Pero, ¿y ustedes?… JAJAJAJJA ya les veo temblar por miedo al hambre. Espero que enseñen de verdad y no se dediquen a largar de tal o cual autor, como hace la mayoría, o no recurran en demasía al hipnotismo de una buena cinta de video, o de audio para acallar al personal, y que por lo menos preste atención a eso, ya que no lo presta a su voz por sonar cansina y frustrada.


A ustedes, que no se consideran ni vulgares, ni mediocres, ni analfabetos, ni … muchos otros improperios, les digo:
Sócrates se quejó de los jóvenes, pero el peor de sus alumnos fue siempre su favorito, su oveja descarriada, su amado…Alcibíades.

Aprendan del mejor de los docentes. No les vendría mal NO dar por acabada su, oronda y perfecta, educación.

Sócrates dijo tras la patada de un interlocutor: “¿denunciarías a un burro por darte un coz?” En sus argumentos y en el propio “leave motive” de la entrada, ustedes consideran idiotas e imbéciles a una parte del alumnado, prácticamente burros, ¿y aún así se molestan en denunciarlos?... jajajajaja.

Si de verdad los dan por perdidos dejen el trabajo y así sus alumnos no estarán condenados a recibir saber de alguien resentido, frustrado, e inepto por no creer siquiera en el valor de lo que hace. Yo no lo hago, creo en ellos tanto como en ustedes, aunque no tanto como ustedes en sí mismos.