lunes, mayo 19, 2008

Mayo del 68: otra mirada

Como sabéis, estamos celebrando el 40 aniversario de la revolución de mayo del 68, momento histórico en el que estudiantes franceses se rebelaron contra el orden establecido.

NOrmalmente, miramos este acontecimiento con un cierto halo de nostalgia, de valentía que ya hemos perdido, de lucha por las libertades que hoy se nos presenta como algo impensable (¿estudiantes contra el gobierno?)... Y siendo cierto todo eso, hay otras lecturas de mayo del 68 que no son tan benévolas con la revolución estudiantil. Creo que tras todo lo difundido durante estos días, uno de los artículos, en mi opinión, más acertados ha sido el que Alfa y Omega publicaba en un especial el pasado 15 de mayo. Me quedo con el primer artículo, el que abría el especial, titulado Cuarenta años de desasosiego... El resto de crónicas y reportajes carecen del rigor del análisis histórico pues se centran en aspectos, sobre todo morales, que deslucen bastante la reflexión sobre lo acontecido en el París del siglo XX.


Cuarenta años de desasosiego comienza con muy mal pie, es cierto. Los dos primeros párrafos son tremendamente demagógicos. Una vez superado ese primer tramo (o mal trago) hay algunas citas que quiero recoger a modo de resumen. En cursvia mi comentario sobre la cita en cuestión.


- Gabriel Albiac, catedrático de filosofía de la Universidad Complutense de MAdrid: «El 68 es un movimiento que se quedó en el vacío. Se habían cumplido todas las condiciones para la toma del poder, y a lo que se llegó fue a una especie de ausencia de poder, como si todas aquellas hipótesis sobre la revolución no hubieran concluido en nada. El 68 cierra todo el gran ciclo de las ilusiones revolucionarias, iniciado ya en el XIX, y lo hace sobre la constatación del vacío. Lo más característico del 68 es la idea de la confrontación con el Estado, con el poder. Supuso la fantasía de estar en la antesala misma de la desaparición del Estado para, a continuación, asentarse sobre la nada. Sin duda, se puso el acento en un elemento de destrucción. El 68 es una especie de revolución sin desenlace: está claro qué es lo que destruye, pero no lo que construye».


Realmente, mayo del 68 no fue un movimiento para hacerse con el poder político, por eso es posible que cayera en algunas contradicciones internas. NO quiso hacerse con el poder, pero una vez derrocado el sistema autoritario alguien tendría que hacerse cargo de la situación. Aquí es donde entra en juego el vacío que señala Albiac.


- "En total, tres semanas de enfrentamientos con el objetivo de minar toda forma de autoritarismo, desde los exámenes universitarios hasta la Presidencia de la República. Todo se puso en cuestión: la autoridad, la familia, la Iglesia... Algunas de las pintadas que se hicieron famosas por aquellos días fueron: Prohibido prohibir; El aburrimiento es contrarrevolucionario; La imaginación al poder; Seamos realistas: pidamos lo imposible; Mis deseos son la realidad".


Me gusta este fragmento del artículo. ¿Podemos decir que la posmodernidad comienza en mayo del 68? NO sería excesivamente arriesgado. La negación de valores netamente modernos en pos de la libertad total, en pos del ¿libertinaje? podría ser el pistoletazo de salida de la nueva era. Ahora bien, no serían posmodernas los deseos de carácter utópico que inspiraron la revolución.


- Michel Houellebecq, novelista: «El 68 no fue un golpe de Estado exitoso de la juventud, sino un golpe de Estado fracasado del marxismo».


- Esta cita no tiene desperdicio, trata de resonder a la cuestión de cómo se vive el 68 en la España franquista. Habla Alejandro Llano, catedrático de matefísica de la UNiversidad de Navarra: «En España, la revolución del 68 estuvo cargada de implicaciones políticas. Los estudiantes que en ella participamos -al menos, muchos de nosotros- nos movilizamos en primer término contra la dictadura. Hubo muchas detenciones, encarcelamientos, expedientes de expulsión de las universidades, interrupción de las prórrogas militares y envíos forzosos al norte de África. Los sectores más genuinamente democráticos nos vimos rechazados de la vida política tanto por unos como por otros. Los izquierdistas sospechaban de nosotros y los franquistas nos perseguían con especial dureza. Aunque en el plazo corto prevalecieron los demócratas moderados, ha sobrevenido la dominación política del PSOE, fomentada -o, al menos, facilitada- por la miopía política de la derecha conservadora. La derecha actual -también la que parece más cercana al cristianismo- acusa una preocupante insensibilidad cultural y social, que hace temer que el cambio político tarde todavía en producirse. La necesidad más apremiante es entender Mayo del 68. José Luis Rodríguez Zapatero lo ha intentado; quienes se han tomado en broma sus planteamientos políticos ya han visto cómo les ha ido. No se puede ignorar la Historia, y menos la reciente. La interpretación que Zapatero hace del 68 es, claramente, una interpretación inmoralista y relativizante, pero indudablemente eficaz. En cambio, los políticos de la oposición se ríen del 68 y de sus implicaciones culturales, y así les va».


Nada que añadir. En España, como nos sucede con otras muchas realidades, todavía no nos hemos enterado de lo que fue mayo del 68. Así que nos cuenten lo que nos cuenten sobre aquello, será bienvenido...