Leo esta mañana que el ministro de educación y cultura español, José Ignacio Wert, anti-humanista y tecnicista confeso*, ha iniciado la reforma de la polémica asignatura "Educación para la Ciudadanía". Todos los jóvenes españoles toman esta asignatura en su formación educativa.

Y a mí me vienen a la cabeza, frente a las batallas ideológicas mediocres y ramplantes de la derecha contra los socialistas españoles (o los socialistas contra la derecha, que igual da), las palabras de Miguel de Unamuno cuando criticaba a todos por igual, los que para él eran los "Hunos" contra los "Hotros" (en alusión a los pueblos bárbaros). Unamuno fue repudiado por republicanos y franquistas (seguidores del dictador Franco) y murió bajo arresto domiciliario en Salamanca a la espera de que cualquier día entraran a su casa a pegarle un tiro. "La soledad de un viejo liberal", publicado por el periódico El País, retrata bien esta cuestión que comento.

Unamuno fue uno de los autores más prolíficos de los siglos XIX y XX. Escribió centenares de ensayos, novelas, artículos periodísticos, cartas, poesía... Fue un agitador de conciencias nato. Y yo me pregunto, ¿quién ha tomado su testigo en nuestra sociedad?

*Que Wert carece de cualquier atisbo de sensibilidad humanista, teórica, de pensamiento, es algo, a estas alturas, conocido por todos. Ahora bien, ¿de qué nos extrañamos? Wert es hijo de su tiempo. Y el tiempo que vivimos abocado a la racionalidad tecnicista y cuantitativista, rechaza de manera frontal el pensamiento, la filosofía, la teoría. Es decir, rechaza todo aquello que no genera resultados cuantificables (sean beneficios económicos, sea una encuesta que simplifica lo social y se adapta bien a la lógica simplista contemporánea). La racionalidad instrumental es lo que tiene, ministros analfabetos, humanísticamente hablando, que de repente se convierten en el blanco de las iras de todos. Pero no perdamos la perspectiva. Todos hemos alimentado, en mayor o menor medida, al monstruo que hoy nos azota.