jueves, marzo 17, 2005

Ciencia, universidad, docencia y otros menesteres

Al fin he podido volver a entrar a la parte de edición de mi blog, los días que he estado sin poder cambiar nada ya empezaban a mermar mi ánimo... ¡Tenía tantas cosas que decir!
Ayer por la tarde celebraba la reunión mensual con el grupo de investigación del que formo parte (Comunicación, política e imagen. Facultad de Comunicación de la Universidad Católica de Murcia).
Acabamos de cerrar un proyecto y estamos en vías de abrir uno nuevo... Algunos se preguntarán: entonces, en este tiempo de transición ¿para qué reunirnos?, ¿qué sentido tiene este encuentro, si todavia falta algo de tiempo para ponernos manos a la obra con el siguiente proyecto?.


RESPUESTA: Hacer universidad. Que conste en acta que la respuesta no es mía, la tomo de un buen colega.


En el encuentro que mantuvimos ayer y en los que tendremos los últimos miércoles de cada mes, lo que hacemos es vivir el espíritu de la universidad, compartir el saber científico (de lo contrario no sería tal), conservar ese halo "casi mísitico" que envuelve al mundo de la investigación, del saber...
Si en la universidad es importante la docencia (evidentemente), no lo es menos la investigación.
No se puede concebir el uno sin el otro, ni el otro sin el uno. Para ser un buen docente universitario hay que investigar, estudiar, transmitir ciencia también a nuestros alumnos... Que las clases estén fundamentadas en la Ciencia a la que pertenecemos.
Y viceversa. Un buen investigador tiene que saber transmitir su conocimiento, comunicarlo y hacerlo llegar hasta el otro... De lo contrario, si construyo para mí mismo, si edifico mi saber en una isla en medio del océano, no "hago ciencia", a lo sumo, llevo a cabo una investigación que está deshumanizada... Porque el ser humano, ante todo, necesita de la comunicación para realizarse y construir su propia identidad.
El "yo" no puede realizarse si no hay un "tú"...


El mundo de la universidad es apasionante... Conservemos entonces su razón de ser.
Un saludo a todos!!!

3 comentarios:

José Carlos dijo...

Desde hace ya unos cuantos años me he considerado una persona afortunada por el tipo de trabajo al que me dedico. Trabajo en una universidad. Siempre existe un halo místico en esto de trabajar en una universidad, puesto que parece un lugar privilegiago reservado a unos elegidos. Este concepto restringido de universidad ha evolucionado mucho en los últimos ocho siglos en su plasmación práctica, pero no -afortunadamente- en su esencia. Trabajo en una universidad, y allí me pagan, fundamentalmente, porque sepa más, aumente mis conocimientos, crezca por dentro y por fuera, viaje y sepa, me empape de hechos, de lecturas, de conversaciones, e intente compartir todo eso con otras personas. Esa es la verdadera universidad, un lugar de encuentro -comunidad de estudiantes y profesores, decía Alfonso X- entre conocedores, eruditos, apasionados, pensadores, e interesados por compartir sus conocimientos y crecer. Trabajo en una universidad, y tengo la suerte de estar rodeado de una serie de compañeros con los que cada día puedo compartir ideas, reflexiones, inquietudes a partir de una perspectiva no lucrativa de la vida. Desde el conocimiento por el conocimiento, desde el saber como motor de la humanidad y el desarrollo de las personas. Con todo ello me encuentro cada día al llegar a mi puesto de trabajo y, potenciándolo, haciendo que sea posible, creando oportunidades de encuentro, consigo hacer realidad la verdadera universidad, aquella que empieza en nosotros, los que tenemos la verdadera responsabilidad de materializarla a diario, y que no finaliza nunca.

Zarko dijo...

He leído con interés tu escrito, que rezuma entusiasmo. Buen lugar para trabajar será siempre la Universidad si quienes la pueblan actualizan tan generosamente su espíritu fundacional. La Universidad, la madre nutricia, es en efecto el marco en que debe producirse el encuentro casi místico entre el aprendizaje y la enseñanza. Nos zambullimos en la sabiduría de los que saben más que nosotros, nuestros maestros, para luego vaciarnos en los que clavan sus ojos en nosotros para llenarse de nuestros conocimientos. Investigación y docencia forman un todo indisociable, son los eslabones de esa cadena milenaria que enlaza a profesores y a discípulos. ¿En qué profesión puede encontrarse una satisfacción comparable a la que sentimos cuando un alumno borra de su rostro todo gesto de incomprensión y se ilumina con la ciencia que le transmitimos, forjada con muchas horas de estudio sobre lo que otros nos enseñaron antes?

Y, sin embargo, la vida universitaria no es siempre así... por desgracia. Las peculiaridades de este entorno, como Casa del Saber, son con demasiada frecuencia estimulantes de las más negras miserias humanas. La envidia, los celos, las intrigas, los despechos, los orgullos infinitos... ; todo lo que debiera ser modestia, respeto y prudencia se enfanga y embrutece por el vil dirigirse de unos pocos. Cuántas veces ocurre que uno se encuentra enfrascado en cruzadas que no le interesan, alistado en bandos que no preguntaron, o cuántas veces a uno le hacen titular de ambiciones que jamás fueron suyas. Y así, lo más noble e inmaculado desaparece cuando lo que debieran ser sonrisas cómplices y franca camaradería se truecan en muecas despectivas y en murmullos cizañeros. ¿Ocurre así en todo tiempo y lugar, sea cual sea el tipo de trabajo? Probablemente sí, porque todo trabajo es humano y todo lo humano es permeable al mal. Pero en ningún sitio esas actitudes frustran y entristecen como en el entorno universitario, donde todo debería estar naturalmente llamado a la nobleza. Al menos, por duro que resulte con frecuencia el trabajo diario, se encuentra consuelo al traspasar el umbral del aula, donde esperan los alumnos... si es que algún “compañero” no te ha enfangado antes ese recinto que debiera ser el último reducto de tu intimidad como profesor.

Así que espero de verdad que no pierdas jamás esa ilusión que has mostrado al plantear este tema... y sobre todo, sobre todo; lo que más deseo es que nadie te la robe.

Leo García Jiménez dijo...

Zarko:

Acabo de leer tu mensaje... es muy bonito, aunque rezuma un pelín de pesimismo.

Sé que en el mundo de la universidad no todo es tan idílico como yo planteaba al principio, tristemente en demasiadas ocasiones se convierte en el ring de la luchas de poder...

Pero aún así, el espíritu que inspira la universidad es apasionante, por eso no debemos dejar que se apague, aunque algunos, sin ni tan siquiera saberlo, se empeñen en ello...

Mucho ánimo para tí también, seguro que son muchos los que comparten nuestra postura.

Un abrazo!